Ese olor a mar que desprende la playa...

sábado, 28 de mayo de 2011

Prefacio

Todos nuestros intentos de huida habían salido infructuosos.
  Con el corazón en un puño, observé cómo se aprestaba a defenderme. Su intensa concentración no mostraba ni rastro de duda, a pesar de que le superaban en número. Sabía que no cabía esperar ningún tipo de ayuda, ya que, en ese preciso momento, lo más probable era que los miembros de su familia luchasen por su vida del mismo modo que él por las nuestras.
  ¿Llegaría a saber alguna vez el resultado de la otra pelea? ¿Averiguaría quiénes habían ganado y quiénes habían perdido? ¿Viviría lo suficiente para enterarme?
  Las perspectivas de que eso sucediera no parecían muy halagüeñas.
  El fiero deseo de cobrarse mi vida relucía en unos ojos negros que vigilaban estrechamente, a la espera de que se produjera el menor descuido por parte de mi protector, y ése sería el instante en el que yo moriría con toda certeza.
  Lejos, muy lejos, en algún lugar del frío bosque, aulló un lobo.

Ese "algo"

"Las cosas espontáneas son así, que nacen poco a poco, sin querer. Sin tener nada premeditado.
Pero luego ocurre, que aparece un "algo" inexplicable, que va cobrando fuerza. 
Y fíjate cómo son las cosas, que a veces el “algo” no significa lo mismo para dos personas. 
Entonces, una de ellas queda dañada... pero ninguno de los dos tiene la culpa. 
Siguen la fuerte llamada del “algo”. Y se dejan llevar para ver qué sucede. 
Recorren los rincones de sus cuerpos, buscando, experimentando, saboreando ese algo. Permitiéndose sentir... 
Y como todo lo que emociona permanece, no se cansan. Continúan jugando. 
Esa persona dañada, confunde el juego con amor. Y la que no se daña pero está presente, piensa que se trata de complicidad. 
Es un juego sin reglas. Es un mundo detenido mientras se lanzan los dados. 
Y cuando se acaba el encuentro, ni es complicidad, ni es amor. 
Sólo es lo que es... los sentimientos de los dos."

lunes, 16 de mayo de 2011

martes, 3 de mayo de 2011

Recuerda bien lo que quieres olvidar.

Resulta contradictorio, ¿verdad? ¿Cómo voy a esforzarme en recordar algo que quiero olvidar? o lo que es peor aún, ¿cómo voy a olvidar su sonrisa de felicidad, esa sonrisa que intentaba sacarme otra de donde no la había, su sonrisa provocada artificialmente, sus sms de buenas noches y de buenos días, su mirada inocente que sabía convertir el peor de los días en un día perfecto, sus abrazos que me hacían sentir protegida, sus palabras de ánimo que te hacían pensar que nada ni nadie te iba a parar, las promesas que le hice, aquellas tardes convertidas en miles de sonrisas o abrazos de consolación (a decir verdad, da igual como empezara la tarde, siempre acabaría con la mayor de las sonrisas)? ¿Cómo olvidar esas cosas que te hacían ser quien eras? Resulta muy dificil, hasta que un día lo pierdes todo, crees que todo ha acabado para siempre y que tu realidad, la que te hacía feliz, pasará a ser una simple colección de recuerdos. Recuerdo es lo único que queda, cuando no queda nada. Pero descubres que no, que aún no ha acabado y que queda mucho por delante.