Ese olor a mar que desprende la playa...

domingo, 2 de octubre de 2011

Septiembre

De repente, las playas se han quedado desiertas;
ha refrescado un poco y se acortan las tardes.
Hoy comienza septiembre, y la melancolía
del final del verano, puntualísima, acude
a su cita conmigo. Hay que volver mañana
a la ciudad. En ella, me esperan las rutinas
y las viejas costumbres que me fueron haciendo
ser el que soy. Muy pronto se irán quedando en nada
los sueños que he soñado junto al mar, los propósitos
de libertad, de cambio, que, en las noches de julio
y agosto fabulé, tan fervorosamente
como en la adolescencia, a la vez que mis ojos
con asombro miraban la inquieta muchedumbre
de los astros del cielo. En la ciudad, no hay duda,
me encontraré de nuevo cuando llegue con ése
que se quedó en mi casa mientras yo estaba fuera,
con ése que se niega a cambiar y conoce
como nadie mis gustos, mis horarios, las cosas
que me atan a mí mismo. Él me pondrá al corriente
de los tontos asuntos que habrá que ir resolviendo
en los próximos días. Así, sin mucha pena
y sin gloria ninguna, transcurrirá el otoño.
Y después, de muy malas maneras, implacable,
tomará posesión de mi vida el invierno”.